Nace en las vísperas de 

una fiesta de fantasía, de 

lo intangible, de lo mágico: Halloween 2019como

respuesta a uno de tantos retos de dibujo de internet.

Como siempre en mis creaciones, empieza siendo un pobre garabato, desgarbado e inconexo, un pobre blandiblú de líneas que piden una mirada y una historia.

Por aquí un ojo saltón, por allá una nariz como una berenjena, las orejas venosas, pelos ralos… Uf, menuda pinta el animalito.Pobrecito. Lo pienso… No, mejor pobrecita. Una ratita feucha, un poco desagradable pero muy sonriente.

Y era cierto, 

ese pequeño amasijo gráfico 

no era un peluche precisamente; 

es más, por algún sitio incluso 

había perdido el pelo. 

Puede ser porque transitó por muchas estrecheces para sobrevivir; los huecos para poder respirar a veces son muy pequeños, quizás es mejor no ser un oso.

 

Cuando me mira de reojo al notar que la estoy observando —cual Caperucita con el Lobo—, las líneas tiemblan, como si me preguntasen:

 

«¿y ahora qué?»

Por aquí un ojo saltón, por allá una nariz como una berenjena, las orejas venosas, pelos ralos… Uf, menuda pinta el animalito.Pobrecito. Lo pienso… No, mejor pobrecita. Una ratita feucha, un poco desagradable pero muy sonriente.

Y era cierto, 

ese pequeño amasijo gráfico no era un peluche 

precisamente; es más, por algún sitio incluso había perdido el pelo. 

Puede ser porque transitó por muchas estrecheces para sobrevivir; los huecos para poder respirar a veces son muy pequeños, quizás es mejor no ser un oso.

 

Cuando me mira de reojo al notar que la estoy observando —cual Caperucita con el Lobo—, las líneas tiemblan, como si me preguntasen:

 

«¿y ahora qué?»

Por aquí un ojo saltón, por allá una nariz como una berenjena, las orejas venosas, pelos ralos… Uf, menuda pinta el animalito.Pobrecito. Lo pienso… No, mejor pobrecita. Una ratita feucha, un poco desagradable pero muy sonriente.

Y era cierto, ese pequeño amasijo gráfico no era un peluche precisamente; es más, por algún sitio incluso había perdido el pelo. Puede ser porque transitó por muchas estrecheces para sobrevivir; los huecos para poder respirar a veces son muy pequeños, quizás es mejor no ser un oso.

 

Cuando me mira de reojo al notar que la estoy observando —cual Caperucita con el Lobo—, las líneas tiemblan, como si me preguntasen:

 

«¿y ahora qué?»

No aprecio cansancio 

o resentimiento en su respuesta, 

tan solo la aceptación del hecho de que la compañía no buscada desgasta y es, en ocasiones, hasta peligrosa, haciéndonos perder algo de nosotros mismos.

 

 

           Sigue sonriente, le hace gracia tanta pregunta, 

«SI YO SOY NORMAL…». 

También le sonrío, 

pero no puedo dejar de interrogarla.

Me hace un gesto con la mano para que continúe.

No aprecio cansancio o resentimiento en su respuesta, tan solo la aceptación del hecho de que la compañía no buscada desgasta y es, en ocasiones, hasta peligrosa, haciéndonos perder algo de nosotros mismos.

Sigue sonriente, le hace gracia tanta pregunta, 

«SI YO SOY NORMAL…». También le sonrío, pero no puedo dejar de interrogarla.

Me hace un gesto con la mano para que continúe.

No aprecio cansancio 

o resentimiento en su respuesta, 

tan solo la aceptación del hecho de que la compañía no buscada desgasta y es, en ocasiones, hasta peligrosa, haciéndonos perder algo de nosotros mismos.

 

 

           Sigue sonriente, le hace gracia tanta pregunta, 

«SI YO SOY NORMAL…». 

También le sonrío, 

pero no puedo dejar de interrogarla.

Me hace un gesto con la mano para que continúe.

Pues seguramente le cuesta un esfuerzo; viendo cómo se le marcan las venillas de los globos oculares, debe llevar mucho tiempo aprendiendo de lo que ve, de lo que investiga, de lo que estudia, para luego aplicarlo a su propio mundo habitado… en el éter, donde la creación y las ideas la hacen sentirse emocionada y feliz. 

Menos mal que tiene dos ojos, si no, ¡podría haber sido una piedra o un globo!.

Pues seguramente le cuesta un esfuerzo; 

viendo cómo se le marcan las venillas de 

los globos oculares, debe llevar mucho tiempo aprendiendo de lo que ve, de lo que investiga, 

de lo que estudia, para luego aplicarlo a 

su propio mundo habitado… en el éter, 

donde la creación y las ideas la hacen 

sentirse emocionada y feliz.

Menos mal que tiene dos ojos, 

si no, ¡podría haber sido una piedra 

o un globo!.

Pues seguramente 

le cuesta un esfuerzo; viendo cómo se le marcan

 las venillas de los globos oculares, debe llevar mucho tiempo aprendiendo de lo que ve, de lo que investiga, de lo que estudia, para luego aplicarlo a su propio mundo habitado… en el éter, donde la creación y las ideas la hacen sentirse emocionada y feliz. 

Menos mal que tiene dos ojos, si no, ¡podría haber sido una piedra 

o un globo!.

Parece que el boceto ya va tomando forma, cada vez me gusta más el animalito, pero hay que recordar que esto era un reto de dibujo para Halloween. 

Qué dilema. ¿A H.R. Giger le pasaría lo mismo?. 

Tengo que decirle que la quiero poner un poco terrible. 

Como siempre, por ella no hay problema. Es de muy buen conformar. Ella misma me da la clave, ya que siempre sonríe: 

«¿qué tal unos colmillitos?». 

Perfecto. 

Como premio le ofrezco un manto negro con capucha, muy gótico.

Parece que el boceto ya va tomando forma, cada vez me gusta más el animalito, pero hay que recordar que esto era un reto de dibujo para Halloween. 

Qué dilema. ¿A H.R. Giger le pasaría lo mismo?. 

Tengo que decirle que la quiero poner un poco terrible. 

Como siempre, por ella no hay problema. Es de muy buen conformar. Ella misma me da la clave, ya que siempre sonríe: 

«¿qué tal unos colmillitos?». 

Perfecto. 

Como premio le ofrezco un manto negro con capucha, muy gótico.

Parece que el boceto ya va tomando forma,

cada vez me gusta más el animalito, pero hay que recordar que esto era un reto de dibujo para Halloween. 

Qué dilema. 

¿A H.R. Giger 

le pasaría lo mismo?. 

Tengo que decirle que la 

quiero poner un poco terrible. 

Como siempre, 

por ella no hay problema. 

Es de muy buen conformar. 

Ella misma me da la clave,

 ya que siempre sonríe: 

«¿qué tal unos colmillitos?». 

Perfecto.

Como premio le ofrezco un manto negro con capucha, muy gótico.