A veces, meditar no es dejar la mente en blanco, sino aprender a convivir con la mosca que revolotea a nuestro alrededor sin perder la sonrisa. Una pequeña oda a la paciencia, a la inocencia de intentarlo una y otra vez, y a encontrar la calma incluso cuando algo tan pequeño como una mosca intenta decirnos lo contrario. Meditaciones para volar bajito y sentirlo todo.
Esta obra, de formato circular, profundiza en el simbolismo del ratoncito como representante de la curiosidad y la búsqueda de la calma interior. En una postura de meditación plena, el personaje intenta alcanzar un estado de desocupación y tranquilidad, alejándose de cualquier rigidez mental.
La presencia de la mosca actúa como el estímulo externo, ese pequeño detalle que pone a prueba la inocencia y la capacidad de concentración del ratoncito. La pieza reflexiona sobre el esfuerzo por mantener el interés genuino en la paz propia frente a las distracciones mínimas pero constantes de la vida cotidiana.





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